jueves, 29 de noviembre de 2012

¡CAMPEONES!


14 años fueron muchos. 14 años de sólo cantar "...volveremo' a ser campeones..." luego de ganar un partido, pero luego al quedar fuera de la pelea por el título, éramos obligados a guardar nuestro festejo para otro momento. Pues ese momento llegó, y poco importa, por ahora, analizar el cómo se logró la estrella 14 (lo institucional se tratará en enero). Tener la estrella 14 bordada en el perfil del escudo del club no es un poco más de hilo cosido en la camiseta. Cada puntada para formar la estrella 14 encierra una larga espera en la que el temple, la paciencia y el amor de una hinchada se puso a prueba. No quiero cuestionar quién es más o menos hincha, ni quién recién este año se acordó de estar con el equipo.

Cuando me refiero a "hinchada" lo hago, por ejemplo, a ese grupo de gente que en ese fatídico 2000, cuando el club vivió su peor temporada, no aflojó. Partidos sin rivales apergaminados, pero partidos con historia, con una historia paupérrima pero alentando con su voz para salir del bache deportivo en el que nos encontrábamos. Recuerdo la noche del 10 de septiembre de ese año, contra Técnico Universitario, sentir que el techo del Monumental se venía abajo por la incesante lluvia que caía en Guayaquil. A pesar de todo, esos pocos hinchas (hay que reconocer que eran muy pocos) no dejamos de alentar.

El marcador poco importó porque ese día comprendí que no hay rival, resultado posterior, situación deportiva ni condición metereológica que me aleje de Barcelona. Durante muchos años, luego de ver partidos desastrozos y resultados adversos, con mi tío y mi primo siempre decíamos "ni más", en referencia a que no volveríamos a venir. ¡Ingénuos! Al siguiente partido volvíamos a ir. En ese camino junté amigos, entendí más sobre Barcelona, me interesó su parte social, su esencia institucional... Leí, conversé, entendí, me hice socio, me hice más fiel.

La ausencia de éxitos me volvió más analítico, y por eso hoy puedo disfrutar más de este título. Porque no me toma como un simple hincha, sino como el mejor barcelonista que puedo ser, totalmente seguro del amor por mi equipo, de sentir orgullo de ponerme una camiseta amarilla y gritar "un sólo ídolo".

Estos jugadores, aunque algunos de ellos me parezcan sólo privilegiados protagonistas de este título, no serán uno más en la historia del club. Cualquiera de ellos, así sea el que menos aportó, puede decir con orgullo que fue parte del equipo que cerró la triste historia del ídolo del Ecuador, y que fue participe del inicio de un nuevo capítulo. En estos 14 años pasaron malos, regulares y buenos jugadores, pero este grupo fue quien terminó la sequía.

Me hubiera encantado que en este grupo hubieran estado jugadores como Derlis Florentín, Fernando Hidalgo, Juan Samudio, Carlos Castro o Segundo Matamba, que tuvieron que vivir épocas complejas pero a quienes reconozco como jugadores merecedores de haber vestido la amarilla. Gracias a ustedes por aportar en los momentos malos; de esos tampoco me olvido.

Y a la dirigencia, felicitarla. Fuera de lo que no comparta con ellos y de no estar de acuerdo con uno que otro personaje en su interior, cuando Antonio Noboa suplió como candidato a su hermano, entendí que si él llegaba, no iba a poner en juego su imagen como principal del club para un fracaso. Si lo conseguía o no, no se sabía, pero estaba seguro que no cometería los errores de su hermano. No me puedo subir a su "camioneta" porque nunca fui parte de su directiva ni de su tendencia, pero sí puedo agradecerles por aportar en este logro y reconocer que, por largo, son  la dirigencia más exitosa desde 1998.

Queda en ellos preparar un camino ideal para no volver a tener una sequía similar a la pasada. Con este éxito, Barcelona debe encontrar un eje coherente en su manejo administrativo y deportivo para que, si algún día hay una transición, no existan descalabros como los que vinieron desde 1998. Noboa, además de ser obviamente el principal responsable de este éxito, puede convertirse en el primer Presidente apuntalar al club de forma institucional. Ojalá lo logre.